La luz artificial invade las noches de las grandes capitales

Reflexiones sobre la sostenibilidad de las celebraciones navideñas


Navidad sostenible

Desde hace ya algunos años, las grandes ciudades parecen haber entrado en una obsesiva competición por demostrar quién instala más millones de luces navideñas por kilómetro cuadrado. Pero parece que nadie se ha parado a pensar, en plena crisis climática, en el impacto ambiental que genera esta moda. El argumento estrella para defender este exceso es recurrente, y tiene un nombre: tecnología LED. Pero no todo son ventajas, sobre todo si se utiliza sin ningún sentido de la medida.

Si bien el uso de luces LED es cierto que reduce drásticamente el consumo directo de energía eléctrica, hay que preguntarse qué otros efectos medioambientales producen el uso y la fabricación de bombillas basadas en esta tecnología. Tal y como se explica en este artículo de National Geographic, respecto al gasto eléctrico, es cierto que consumen mucho menos, pero también lo es que, si las empleamos por millones, siempre ocasionarán una factura significativa; además de generar mucha más contaminación lumínica.

Bombillas LED rojas y cableado en los castaños del Paseo de Argentina. Octubre 2021

Crisis climática y crisis energética

En todo caso, y en plena crisis por la escalada del precio de la energía, parece poco elegante hacer este alarde mientras millones de familias vulnerables se lo tienen que pensar dos veces antes de poder hacer algo tan básico como calentarse, encender la lavadora o poner el microondas. Recién celebrada la cumbre de Glasgow sobre el Clima, parece poco coherente en todo caso que las administraciones hagan gala de promover encendidos masivos visibles desde el espacio: un sinsentido y una muestra más del grado de inconsciencia colectiva que asola el planeta; porque todo este espectáculo, no lo olvidemos, busca no solo que tengamos unas fiestas más «alegres» sino, también, que consumamos más.

Seguimos en pandemia

Pero además llueve sobre mojado, porque seguimos en pandemia: la sexta ola y la irrupción de Ómicron nos lo recuerdan tozudamente –porque la naturaleza es tozuda– y a la crisis climática y energética se suma la de los suministros y la del alza de los precios, aunque esto no parece importar a nadie. Respecto a la pandemia, insistimos en acelerar, como queriéndola dejar atrás a ciegas, aunque ella misma nos recuerda una y otra vez que no se irá mientras no demostremos un mínimo de unidad como especie. Con unos malísimos datos epidemiológicos a nivel global, agravados con la entrada en escena de Ómicron, encaramos la campaña navideña sin que parezca que hayamos aprendido nada y sin un atisbo de refreno en nuestro frenesí por «recuperar» la libertad. En cualquier caso, me parece que promover la movilidad y concitar encuentros masivos en estas circunstancias (cosa que hacen estos encendidos faraónicos) es un acto de una responsabilidad dudosa.

Las bombillas LED

Pero volvamos a las luces LED para hablar de su huella de carbono: en lo que respecta a su fabricación, ésta implica la emisión de muchas toneladas de CO2. Además utilizan materiales muy contaminantes, como plásticos, metales pesados y tierras raras cuya obtención implica además el establecimiento de explotaciones mineras altamente destructivas para el planeta. Y a ello se suma la poca reciclabilidad que tienen las «milagrosas» bombillas LED, tal y como se explica en este artículo publicado en Diario.es en 2019.

Contaminación lumínica

La contaminación lumínica es otro aspecto que parece no tenerse en cuenta. El hecho es que con la tecnología LED, el bajo consumo ha producido un efecto rebote en sus efectos para el medio ambiente: como cuesta menos, se ponen más. La contaminación lumínica es un grave problema para la supervivencia de los ecosistemas. Y lo es a nivel global y a nivel local.

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) publicaba un artículo en diciembre de 2020: «Luces navideñas y biodiversidad», en el que señalaban los efectos negativos de la alteración de los ciclos del día/noche en las especies que ocupan nuestros hábitats más cercanos. En dicha publicación se afirma que «…la luz artificial puede provocar impactos negativos sobre la biodiversidad y sobre las personas. Altera sus ritmos biológicos, fisiología y niveles hormonales, provocando incluso desorientación en vuelo y una mayor incidencia de colisiones con estructuras iluminadas en el caso de las aves».

La iluminación navideña y los parques

En el caso de los grandes parques y zonas verdes, que son reductos de biodiversidad y espacios de conservación, deberíamos ser especialmente vigilantes con lo que hacemos. Los ejemplos más cercanos los tenemos en El Retiro, donde este año se ha «colado» por primera vez -y esperemos que por última- la iluminación navideña, y en el Real Jardín Botánico, con su espectáculo Naturaleza Encendida, criticado por algunos por su elevada invasividad tanto de noche como de día. En El Retiro se han instalado decenas de almendros eléctricos que de noche se iluminan de colores y también se ha cableado parte del arbolado en los paseos de México, de Argentina y del Salón del Estanque, tarea que ha llevado semanas de trabajos que implicaban la invasión del ramaje y que ha causado (porque lo he podido verificar en persona) una importante desbandada de los pajaritos que utilizan esos árboles para vivir y para dormir. Además, en un espacio declarado Patrimonio Mundial (ambos jardines, el Botánico y el Retiro están inscritos en el Paisaje de la Luz y por tanto son Patrimonio de la Humanidad) no se pueden concitar sobreafluencias de masas de personas sin tener en cuenta el desgaste, la suciedad acumulada (y otros factores de erosión) y sin prever un refuerzo en el mantenimiento y cuidado.

El espectáculo Naturaleza Encendida en el Real Jardín Botánico. Noviembre 2021

Habrá quien me llame aguafiestas pero lo cierto es que la iluminación navideña siempre me ha parecido algo hermoso. Son el cómo, el cúanto y el dónde los que no me cuadran; menos aún en estas circunstancias pandémicas. El «hay que salvar la Navidad» ya nos costó una terrible ola de Covid-19 el año pasado. Convertir la noche en día no nos va a devolver la libertad. En realidad nada de esto tiene que ver con la libertad. Lo primero es nuestra salud y la de nuestros ecosistemas, incluidos los urbanos. Celebremos con cabeza, por favor. Celebremos una navidad sostenible.