Arte funerario en Madrid


Arte funerario en Madrid. Capítulo I. Generalidades. El Panteón de Hombres Ilustres. 1ª Parte

Bienvenidos al Blog de Antonello Dellanotte

Bienvenidos, queridos lectores a esta nueva serie de artículos sobre arte funerario en Madrid. Antes de nada quiero expresar mi agradecimiento a mi amiga Ainara Ariztoy, apasionada de la materia y buena conocedora del tema, quien no dudó ni un instante en acceder a mi petición de colaboración para la preparación de estas piezas. Durante estas semanas previas al inicio de la publicación de la serie he estado en contacto de forma regular con Ainara, quien, además de proveerme de gran cantidad de información de cosecha propia y de muchas referencias, me ha ayudado a tener una visión general de esta apasionante rama del arte, algo denostada, poco conocida y menos divulgada; porque no es sino cuando vamos a cementerios u otras instalaciones mortuorias, obligados por el acaecimiento de la muerte de algún familiar, amigo o conocido, cuando tenemos ocasión de apreciarlo, cosa que por lo general tampoco hacemos.Los cementerios son espacios muy especiales, pero son lugares a los que, por lo general, se tiende a no querer ir; quizás debido al subyacente miedo a la propia muerte, porque estos sitios nos recuerdan siempre que todos y cada uno de nosotros acabaremos del mismo modo. A ello se unen factores de tipo religioso y cultural que contribuyen a crear ese halo de tabú que, a menudo, tiende a poner la etiqueta de “freaks” a los interesados por los temas funerarios, lo cual, amigos, tiene muy poco sentido. Ese respeto que infunden las necrópolis en realidad, creo yo, es más miedo que respeto; miedo a la muerte, en definitiva. Como si la muerte fuese algo excepcional…

Vista posterior del monumento funerario a Eduardo Dato en el Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte
Vista parcial del panteón conjunto y una de las cúpulas del Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

La metodología que he ideado para esta serie divide los contenidos en cuatro entregas:

– Entrega 1/4 – Generalidades. El Panteón de Hombres Ilustres. 1ª Parte
– Entrega 2/4 – El Panteón de Hombres Ilustres. 2ª Parte
– Entrega 3/4 – Top 20 del arte funerario en Madrid. 1ª Parte
– Entrega 4/4 – Top 20 del arte funerario en Madrid. 1ª Parte

Me es imposible anunciar las fechas de publicación de las otras entregas, porque tenemos por delante todavía muchísimo trabajo de investigación, fotografía y redacción; por lo que, con toda probabilidad, las publicaciones se irán intercalando con otras en mi programa editorial para los próximos meses; otras que podrán, a su vez, ser partes de otras series que estoy preparando.

Y ya entramos en materia. A Ainara debemos este interesantísimo texto introductorio que sirve como prólogo a toda la serie.

PrólogoEl Hombre después de la muertePor Ainara Ariztoy

Origen de los cementerios
La muerte y los rituales funerarios son inherentes a la conciencia del ser humano. Desde la prehistoria se encuentran ritos y costumbres asociados a los difuntos. Cada cultura, cada sociedad, enfoca el hecho mortuorio de una manera diferente, dependiendo de sus creencias y de sus costumbres. Ya en la prehistoria hay algunos usos que se mantienen a día de hoy, como maquillar al muerto para mejorar su aspecto. En el paleolítico se entierran ya los cadáveres con objetos personales del fallecido y en el neolítico aparecerán los primeros monumentos funerarios, los dólmenes.
La cultura de la muerte que tanto rechazo nos provoca a día de hoy, ha sido protagonista en otros momentos de la historia, y en otros lugares, como en el antiguo Egipto donde la muerte era más importante que la propia vida: el Valle de los Reyes o las pirámides no son sino unidades de enterramiento desde las que el espíritu del difunto pasaría a mejor vida. No olvidemos que Egipto es la cuna de la cultura de la muerte.
En Europa y Occidente la visión cambia radicalmente, sobre todo desde el advenimiento del cristianismo. La creencia en la resurrección de los muertos y la promesa de una vida mejor que la terrenal hicieron germinar en el imaginario colectivo una nueva necesidad: la de la protección divina en la espera.
Así, los cristianos comienzan a enterrarse dentro de las iglesias, ermitas o catedrales para estar cuanto más cerca de los altares y por lo tanto de Dios. Pero únicamente quienes tienen poder adquisitivo van a poder costearse la eterna morada dentro de estos templos. Por otro lado, aquellos cuya economía no se lo permitía, se hacían enterrar en las inmediaciones de las iglesias o lo más cerca posible de éstas, con la esperanza de que la influencia divina traspasara los muros. Este tipo de prácticas, debido, a la acumulación de cadáveres, las emanaciones y las filtraciones, provocará serios problemas de epidemias, salubridad y salud pública. En 1787 Carlos III emite una Real Cédula prohibiendo el entierro dentro de las iglesias y planteando la necesidad de que los difuntos descansen en recintos adhoc situados extra-muros, norma que encontrará serias dificultades para ser puesta en práctica dado el recelo de la población y el miedo a reposar alejados de las iglesias.

Primeros Cementerios de Madrid
La ciudad vive en primera persona ese rechazo al entierro fuera de las iglesias y no verá cómo empieza a edificarse el primer cementerio hasta 1804. Era el cementerio general del Norte, diseñado por Juan de Villanueva y situado en la zona de la actual calle de Arapiles e inaugurado en 1809. El segundo cementerio de la ciudad fue el Cementerio General del Sur, situado en la puerta de Toledo e inaugurado en 1810. Ambos fueron desmantelados conforme fue creciendo la ciudad y se hacía necesario más espacio para los vivos. En 1811 se inauguró el primer cementerio sacramental de Madrid: el cementerio de San Isidro. Actualmente es el cementerio vivo más antiguo de Madrid y sigue funcionando a pleno rendimiento. En 1869 se proyectó el Cementerio general del Oeste que no llegó nunca a construirse. En 1877 Fernando Arbós y José Urioste ganan el proyecto para la construcción de la necrópolis del Este, el Cementerio de la Almudena.

Los cementerios sacramentales
El fenómeno de los cementerios Sacramentales merece una mención especial dada su importancia en la ciudad de Madrid. Las archicofradías son el fruto de la unión de las cofradías existentes en la ciudad, grupos con especial devoción por unas y otras advocaciones. Nacen con vocación de ayuda y terminan gestionando los entierros, primero de sus propios hermanos y después de quienes se van enterrando en sus cementerios. Proliferan en Madrid hasta 9 cementerios sacramentales, cinco de ellos desaparecidos ya: Cementerio de San Salvador, San Nicolás y Hospital de la Pasión; de San Sebastián, de San Ginés y San Luis, de la Iglesia Patriarcal y de San Martín y San Ildefonso. Siguen existiendo, en cambio, el Cementerio de San Isidro, el de Santa María y el de San Justo y San Lorenzo.
Para finalizar volvemos al cementerio de la Almudena, cuya inauguración oficial no se produjo hasta 1925, aunque se comenzó a usar apresuradamente en 1884 dada la epidemia que asoló Madrid. De hecho, la zona más antigua del cementerio, a día de hoy, se conoce como la zona de epidemias y es en ella donde descansa el primer difunto de la necrópolis, el niño Pedro Regalado Olmos, titular de la tumba a perpetuidad, por orden del rey Alfonso XII.


Panteón de Hombres Ilustres. Primera parte

Para la realización de este reportaje, que ha constado de cuatro sesiones, he contado con la colaboración del departamento de Prensa y Comunicación de Patrimonio Nacional, organismo dedicado al cuidado y mantenimiento de los bienes históricamente vinculados a la Corona de España y que gestiona el Panteón. Agradezco el permiso especial para poder hacer fotografías con trípode en el interior, sin el cual no hubiera sido posible obtener los resultados fotográficos deseados. En esta primera parte haremos un breve repaso a la historia y –no pocos- avatares de este increíble e inconcluso lugar que, estando en el centro de Madrid, es incomprensiblemente poco conocido. Es mi deseo pues, como divulgador, que estos artículos contribuyan al mayor y mejor conocimiento de esta parte de nuestro patrimonio.


Información de utilidad

Situación y característicasEl Panteón de Hombres Ilustres se ubica en el distrito de Retiro, barrio de Pacífico, entre el paseo de la Reina Cristina, junto a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha y la calle de Julián Gayarre, por la que se accede.HorariosMartes - sábado10:00 - 14:00 y 16:00 - 18:30(Acceso por la mañana hasta las 13:00 horas y por la tarde hasta las 17:30)Domingos y festivos10:00 -15:00(Acceso hasta las 14:30)Cierre semanal: lunes durante todo el añoSitio web oficialhttp://bit.ly/2zobd6y
Puerta de entrada al Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Localización

Proyecto original de Fernando Arbós y Tremanti para la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, el campanil y el Panteón de Hombres Ilustres. Madrid.

Breve historia del Panteón
La historia del Panteón de Hombres Ilustres es una historia de empeños truncados, pues aunque su inacabada construcción se dio por concluida en 1899, ya se llevaba intentando, desde hacía más de 60 años, establecer un lugar donde los prohombres de la patria tuviesen un lugar de descanso en el que sus memorias y méritos pudieran ser honrados apropiadamente y puestos históricamente en valor. Primero serían San Francisco el Grande y después el convento de Nuestra Señora de Atocha los lugares que albergarían los restos de algunos de estos hombres. Los de muchos de los que se quisieron incluir en el proyecto inicial de 1837 no pudieron ser localizados por lo que la inauguración del primer panteón, que tuvo lugar en San Francisco en 1869, llamado Panteón Nacional de Políticos Ilustres, difirió notablemente de aquello que se había previsto. Aún así se hizo una gran ceremonia con una comitiva fúnebre que portaba lo que quedaba de Garcilaso, Quevedo, Calderón, Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez y algunos otros políticos y militares. Todos estos restos acabaron por salir de allí para regresar a sus lugares de origen o recibir final acomodo en otros sitios. A finales del XIX la reina regente María Cristina dispone que la construcción de la nueva basílica de Atocha incorporase –dado que el cuartel de inválidos, que era lo que quedaba del convento, albergaba ya los cuerpos de Prim, Palafox, el Marqués de Duero y Ríos Rosas– un panteón donde honrar a nuestros hombres más ilustres. Se convocó a tal efecto un concurso que se adjudicaría al ambicioso proyecto de estilo neobizantino del arquitecto Fernando Arbós y Tremanti y que incluiría, junto a la nueva basílica, un claustro a modo de panteón y una torre campanario de inspiración veneciana (campanile). El elevado coste de las obras impidió que finalmente se pudiese erigir la basílica quedando sólo acabados el panteón y el campanile. La construcción de la nueva basílica unas décadas más tarde y el caótico desarrollo urbanístico del área, han terminado por dejar la torre totalmente inaccesible y alejada del panteón, dejando como resultado un paisaje incomprensible en lo arquitectónico. Viendo la imagen del proyecto original nos hacemos conscientes de lo hermoso que hubiera resultado el conjunto de haber sido ejecutado íntegramente.

Iglesia de San Manuel y San Benito, que recuerda al inacabado proyecto de Arbós. 2013. ©2018 Antonello Dellanotte

El panteón sufrió décadas de abandono y no fue hasta finales de los años 80 que Patrimonio Nacional decidió restaurarlo y reabrirlo al público. La recuperación de las vidrieras todavía tendría que esperar hasta los primeros años del siglo XXI.
Arbós, autor de edificios tan singulares como, entre otros, la tan apreciada por los madrileños iglesia de San Manuel y San Benito (que recuerda vivamente al proyecto inacabado de la basílica de Atocha), la Casa Encendida o el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, acometió las obras en 1891 que duraron hasta 1899, dándose por finalizadas habiéndose erigido sólo el campanile y el claustro, que es lo que hoy conocemos como Panteón de Hombres Ilustres.

Exterior del Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte
Vista lateral del Panteón de Hombres Ilustres. Al fondo, desvinculado, el campanile. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Los primeros cuerpos que recibieron sepultura en el nuevo panteón fueron los de los anteriormente citados Palafox, De la Concha, Castaños, Prim y Ríos Rosas, traslado que se produjo entre 1901 y 1902. Los sangrientos inicios del siglo XX proveyeron rápidamente al panteón de ilustrísimos usuarios como Antonio Cánovas del Castillo, Eduardo Dato o José Canalejas, aparte de Sagasta, que fallecería de muerte natural en 1903. Además, a lo largo de los años irían recibiendo sepultura, o siendo trasladadas de otras ubicaciones, otras personalidades como Francisco Martínez de la Rosa, Diego Muñoz-Torrero, Juan Álvarez Mendizábal, Salustiano Olózaga, José María Calatrava o Agustín Argüelles. Entre 1958 y 1963 salieron del lugar Palafox y Castaños y en 1971 fue la tumba de Prim la que fue trasladada a Reus, dejando una huella en el espacio que ocupaba en el panteón todavía hoy perfectamente visible.

Vista oeste del patio interior del Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Visitar en la actualidad este lugar es más que recomendable, diría obligado; además de porque está céntrico y la visita es gratuita, porque es un verdadero museo de arte funerario de primer nivel y porque, arquitectónicamente es un espacio interesantísimo. Además es toda una experiencia, porque el halo místico y mortuorio, como en cualquier lugar de similares características, lo envuelve todo. La espaciosidad, la iluminación natural, tan bien resuelta por Arbós con el uso de vidrieras y la fuente de luz que proporciona el patio interior, dan como resultado un ambiente realmente singular que además se completa con el agradable recorrido por su interior, donde, en cada monumento funerario encontramos una ficha con información sobre el finado y sobre el creador de la pieza funeraria.

Aspecto de la galería principal del Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte
Detalle interior de una de las bóvedas del Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Te recordamos que, aparte de las fotos del catálogo, puedes adquirir preciosas copias originales, certificadas y firmadas a mano, de cualquier imagen que veas en esta web. Consulta toda la información sobre copias. Gracias por tu apoyo!


Los difuntos de este capítulo y sus monumentos funerarios

En este primer capítulo, para no extendernos demasiado, conoceremos los sepulcros de Sagasta, Dato y Ríos Rosas. Para el segundo dejamos los de Cánovas y el mausoleo conjunto del patio, llamado Monumento a la Libertad –coronado por nuestra propia, preciosa y original estatua de la Libertad–, que acoge los restos de los liberales Mendizábal, Argüelles, Calatrava, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Olózaga. Además, ya de nuevo dentro de las galerías del panteón, descubriremos los imponentes monumentos funerarios del Marqués de Duero y de Canalejas.

Detalle del monumento funerario a Dato en el Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte
La estatua de la Libertad del Panteón de Hombres Ilustres, cuya historia conoceremos en el segundo capítulo. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Monumento funerario de Práxedes Mateo Sagasta
Nacido en La Rioja en 1825, Sagasta fue un político liberal progresista, ingeniero y periodista de formación. Fue ministro y presidente del Consejo de Ministros varias veces, en el periodo de alternancia con Cánovas, por virtud del Pacto de El Pardo. Su muerte acaeció en Madrid en 1903. Fue enterrado directamente en el Panteón de Hombres ilustres, y su monumento funerario, obra magistral del Benlliure, se levantó un año más tarde, en 1904. En él vemos al político yacente de cuerpo entero, vestido de levita y portando el Toisón de Oro. En la cabecera del monumento, realizado íntegramente en mármol, emerge una maravillosa figura femenina que alegoriza la Historia, y que cierra, con gesto de pesar, mientras mira la figura del finado, un libro, simbolizando así el final de una época. Es una figura que me recuerda a la alegoría de la Historia del monumento a la reina María Cristina de Borbón, también de Benlliure, que podemos admirar en la calle de Felipe IV. A los pies de Sagasta, la no menos impactante figura de un joven obrero representando al pueblo remata el conjunto. El hombre, apoyado sobre el Evangelio, emblema de la Verdad, sostiene una espada cuya empuñadura contiene la figura de la Justicia, a la vez que una rama de olivo cubre toda la espada, en referencia al concepto de la Paz.

Alegoría de la Historia en el monumento funerario a Sagasta en el Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Galería de imágenes monumento a Sagasta

Monumento funerario a Eduardo Dato
A pocos metros y bajo una de las cúpulas, encontramos el sepulcro de Eduardo Dato, político conservador nacido en La Coruña en 1856 y asesinado en Madrid junto a la Puerta de Alcalá en 1921. Dato fue diputado en la última legislatura de Alfonso XIII, ministro en varias áreas y presidente del Consejo de Ministros. Los restos de Dato reposaron en el Cementerio de San Isidro hasta junio de 1922, cuando fueron trasladados al Panteón de Hombres Ilustres. El excelso monumento, también obra del genial Mariano Benlliure fue realizado en 1928. En este caso el escultor valenciano empleó la combinación de materiales, técnica en la que fue también maestro. La figura de Dato, de impactante realismo y realizada en mármol a tamaño natural, se presenta envuelta en un sudario con las manos sobre el pecho. En la cabecera una sublime figura femenina realizada en bronce que parece estar suspendida en el aire, representa la fe. A los pies del cuerpo del político, otra vez en bronce, dos amorcillos sostienen el escudo de España.

Detalle del monumento funerario a Dato en el Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Galería de imágenes monumento a Eduardo Dato

Monumento funerario a Ríos Rosas
El cuerpo de Antonio de Ríos Rosas, político liberal-conservador nacido en Ronda (Málaga) en 1812 y fallecido en Madrid en 1873, al igual que los de Prim, Castaños, Palafox y Marqués de Duero, estuvo enterrado en la Basílica de Atocha y fue, junto con ellos el que inauguró el Panteón en 1902. Fue diputado, embajador, ministro y Presidente del Congreso de los Diputados. El monumento funerario, de tipo retablo y obra de Pedro Estany, fue inaugurado en 1905. Sobre la base de mármol reposa el sarcófago que contiene las cenizas del político, realizado en bronce con decoración de damasquinados en oro. La figura del genio alado ofrece una rama de laurel al busto de mármol de Ríos Rosas, enmarcado en una corona de laurel realizada en bronce. También emplea Estany este material para materializar, a los pies del sarcófago una hermosa figura femenina en posición doliente, depositando una flor.

Detalle del monumento funerario a Ríos Rosas en el Panteón de Hombres Ilustres. Septiembre 2018. ©2018 Antonello Dellanotte

Galería de imágenes monumento a Ríos Rosas

Y hasta aquí esta primera entrega.
Feliz día. Muchísimas gracias por leerme y compartirme.

Nos vemos en la próxima!

Antonello.



En la siguiente entrega…


Fotoarte de Madrid por Antonello Dellanotte

Ver todas las obras